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viernes, 26 de octubre de 2007

La mentira

Si el anterior artículo denominé la verdad, a este otro lo llamo lo contrario. Y no es que uno tenga más verdad que otro, si no que ambos tienen en común una cosa, ambas historias tienen verdades y mentiras.

A continuación Inma, mi mujer, va a relatar una historia real, que a consecuencia de unos diálogos entre vecinos, le vino por parte de una vecina de nuestra barriada


Hola, no soy Paco, si no su mujer. Paco me ha pedido que escriba una experiencia que viví hace unos días, fui testigo del testimonio de una madre que para mi merece una admiración tremenda, un testimonio que me llegó al corazón y me caló muy hondo.

En una reunión una mujer a la que acababa de conocer contó su experiencia con su hijo. Perdonadme por no profundizar en detalles ni en nombres, pero por respeto creo no debo hacerlo. Esta mujer contó que prácticamente desde que nació su hijo le detectaron un cáncer, maldita enfermedad que muy a nuestro pesar la tenemos a la orden del día y que rara es la familia que no tiene un caso de cáncer cercano. Pero en este caso, su hijo era todavía un bebé.

Tiene que ser muy fuerte y muy duro que te digan eso de tu hijo, pero esta mujer recibió la noticia llevando todavía su hijo pañales. Nos contó que es un chico muy maduro, responsable, bueno, cariñoso y sobretodo fuerte y valiente. Ella dice que “le tocó”, al igual que puede salirte un hijo cojo, manco, o bizco, a su hijo le tocó esta cruel enfermedad..

Escuchándola hablar con un tremendo nudo en la garganta, como reconozco que tengo ahora, y con los ojos brillosos me llamó mucho la atención con la entereza que ella hablaba, el amor hacia su hijo le salía por los poros. Dice que no tiene un niño burbuja, que su hijo, mientras que ella pueda disfrutara de todos los placeres de la vida que el desee y que su enfermedad le pueda permitir. Es muy fuerte ver como nos decía que jamás la había visto su hijo llorar, que no quería que su hijo se llevara de recuerdo las lagrimas de su madre, si no que por el contrario se llevara el de su madre sonreír, jugar con el, y su amor, al igual que una madre que le hiciera cumplir “dentro de sus posibilidades” con sus obligaciones, como por ejemplo sus estudios y ser un buen chico.

Nos decía, que cuando no aguantaba mas dejaba a su hijo a cargo de alguien y se iba a llorar, a gritar, a correr, en definitiva, a desahogarse, porque esta mujer es de carne y hueso, es humana y ¡Dios mío!, soy madre y verse en una prueba tan dura y cruel que te ponga la vida como esta tiene que ser muy fuerte.

Un hijo es lo mas grande que la vida nos pueda dar y quien lea esto y tenga hijos lo entenderá.

Una de las cosas que mas me llevo la atención, que os aseguro que fueron muchas, fue cuando dijo que su hijo iba de campamento, de vacaciones y que si en una de sus múltiples salidas del hospital el niño quería ir al parque, o a cualquier lado, se cerraba pagina de los males, y se hacia su santa voluntad, que los malos tiempos vendrían aunque ella quisiera evitarlo y que no deja de ser un niño que pide jugar.

Según nos contó a esta criatura le queda poco de vida, espero escribir pronto y decir que la ciencia y la mano de Dios han ayudado a este angelito a superar la enfermedad, lo deseo de todo corazón. Hablaba de la facilidad con la que ahora decimos “tengo depresión”, se reía al contarlo porque decía - ¡que sabrán muchos lo que es una depresión, con lo que estoy viviendo no la he tenido ni la pienso tener, no quiero perder el tiempo que me quede junto a el estando triste, ya tendré tiempo de estarlo cuando nos deje!

Y tiene razón, madre, para mi eres admirable, yo creo que en una situación igual me hubiera hundido y no tendría fuerzas ni para pedirle a Dios ayuda. . Yo os garantizo que de la boca de esta madre salía amor, cariño, resignación, lucha y sobre todo fe, mucha fe. Pues dice que es lo único que puede salvar a su hijo, la fe en Dios y en la sabiduría de los hombres que puedan lograr salvarlos

Desde aquí, quiero darle a esta mujer un fuerte abrazo, y mostrarle todo mi apoyo.

Ante esto que cuenta Inma, yo solo puedo decir.
“Señor escucha y ten piedad”
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