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sábado, 26 de enero de 2008

MARCADO POR LA PROPIA VIDA

Pues mi amigo Pedro Bueno, el mismo que me envió el artículo sobre el Juan Sebastián Elcano, me vuelve a sorprender con otro. Este sobre una vivencia personal y real, a la que invito a que la leáis y saquéis vuestras propias conclusiones

Este artículo que hoy os presento y que no es fruto de mi imaginación, quiere ser fiel reflejo de la dureza y la crueldad con que se vive en la sociedad de hoy en día. Una sociedad, que además de aportar desgraciadamente las lacras conocidas por todos nosotros, no deja oculto, la realidad de nuestras propias vidas. Y esa realidad es la que os voy a contar tal y como me sucedió el pasado miércoles 23 de enero, en nuestra ciudad, concretamente, en un establecimiento de prensa y apuestas de lotería.

Ese establecimiento del cual os voy a hablar, está situado justamente, en la antigua Plaza de Toros de Cádiz, hoy Plaza de Asdrúbal. Allí, minutos antes de las tres de la tarde, fui a recoger unos trabajos de plastificados que dejé allí por motivos laborales, unas horas antes. Junto a mí, se encontraba mi señora que fue testigo y fiel reflejo, de lo ocurrido.

Cuando llegamos al citado establecimiento, se encontraba allí, una señora de avanzada edad solicitando a la dependienta, un boleto para la primitiva del jueves y sábado. Como dicha dependiente al parece ya la conocía de otras veces al ser clienta suya, le comentó que si había comprobado su boleto de semanas anteriores, concretamente, del jueves día 10 y sábado 12 de enero. La señora, sacó un pequeño monedero y extrajo del mismo, el boleto que le había solicitado la dependienta para su comprobación posterior. De pronto, a la dependienta, se le cambió la cara ya que al parecer y si su maquinita no daba error alguno, el boleto de la señora estaba premiado con un premio de tercera categoría. La dependienta no decía nada, pero su cara era todo un poema.

Con la seguridad de que el boleto había sido premiado, la dependienta le dijo a la señora muy alegremente y en varias ocasiones, que tenía un premio importante. Salió del mostrador, comprobó la línea acertada en unos listados que semanalmente le suministra la Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado (ONLAE) y ratificando la veracidad de su maquinita, volvió a repetirle a la señora, que había sido agraciada pero en esta ocasión, comunicándole la cuantía del premio. Había acertado cinco de los seis número sin complementario y el importe que había ganado era de 2.400€ (400.000 de las antiguas pesetas).

La señora al escuchar tan grata noticia, giró la cabeza, nos miró a mi señora y a mí que estábamos a su derecha y sin mediar palabra alguna, esbozó una pequeña sonrisa aunque sus ojos, lo decían todo. Después de hacer esto, volvió a agachar la cabeza y le preguntó en voz baja a la dependienta, donde podría cobrar el boleto. La dependienta muy felizmente, le dijo que esos boletos premiados se pagaban, en la administración situada en la Plaza de San Francisco. Y sin más, y dando las gracias muy tímidamente, la señora se marchó.

A los pocos segundos de haber traspasado la puerta y con la discreción que el tema se merecía, le hice una pregunta a la dependienta; ¿cómo es posible que esta señora no se haya inmutado después de haberle tocado un “dinerito” curioso?, la dependienta me respondió: “Esta señora es una mujer separada que por culpa de los malos tratos de su marido, el peso de su casa y el mantenimiento de sus hijos, ahora recae solamente en ella”. Al oír esas palabras, comprendí con una madurez vigorosa, como una persona puede dolerle más su propia vida, que alegrarse de ella.

No sé si alguna vez más volveré a ver a esa señora pero os puedo decir que desde ese día, la vida una vez más, me ha marcado para siempre e igualmente, me ha hecho comprender sabiamente, que el dinero no hace la felicidad.

Fdo. Pedro Bueno Cruces.
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Salud y libertad
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