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viernes, 30 de octubre de 2009

Las Canteras de Puerto Real, crónicas de la vida


En mi gloriosa época infantil, el salir de la ciudad y así pasar una jornada campestre estaba supeditada principalmente a dos zonas, las Canteras en Puerto Real o el Colorao, en Conil. Aunque de excursión familiar haya ido a ambos lugares, sin lugar a duda las Canteras de Puerto Real se lleva la palma.

Las Canteras es un pinar que se encuentra en la zona noreste del pueblo, lugar que compró hace cien años el municipio por suscripción popular, y de la que se cumplen cien años de ese momento.

El ir a las canteras lo divido yo en tres épocas. La primera es la que el Seat 850 de mi padre era el que soportaba el peso de ese viaje. El viaje desde Cádiz hacia Puerto Real se hacía de la única forma posible, “arrejuntandandose” un poquito, y el niño encima de la falda de algunos. Recuerdo a mi padre al volante, en el asiento de al lado mi abuelo y yo en su falda. Detrás mi madre, mi abuela, mi hermano el mayor, e incluso algún que otro agregado. Y como elemento indispensable, la nevera, las sillas, la mesa de la playa….., vamos como don Romualdo pero la cruzada era en el campo, todo este material se ubicaba en la baca del coche, independientemente de la comida y los aperos para su consumo que iban en el pequeño maletero del coche.

Nada mas llegar, había dos cosas que era lo mas primordial y había que hacerlo antes que los mayores se echaran su primer valdepeñita con casera, montar el columpio que no era otra cosa que una cuerda agarrada a una rama de uno de los pinos, y el balón de futbol. A partir de ahí, los niños dejaban de existir pues si no estaban en el columpio, estaban jugando al futbol, si no buscando la gruta de la Virgen de Lourdes.

Esto es más o menos cuando uno era un niño, de más mayor o sea de pibe de barrillo o como se dice ahora de acné juvenil, estaba el plan juvenil canterero

Se solía organizar con antelación, cada uno llevaba su propio bocata, bien podía ser de tortilla de papas o de filetes empanados que hacía la vieja de cada cual, y alguna lata de coca cola o de Skol, (la Cruzcampo en Cádiz no se quería porque era sevillana). Según quienes fueran según así se hacía, me explico; si solo íbamos tíos, llevábamos el balón de futbol, el radio cassette y las cintas de la antología de Antoñito Martín o de los Chichos. La estancia se prolongaba hasta que pasara el último tren o autobús con destino a Cádiz, y estábamos todo el día en lo alto de los pinos o detrás de los guayabos que pudiese por allí estar. Si se iba en pandis con chavalitas todo cambiaba. Los bocadillos los llevaban ellas y nosotros las latas de cocacola o skol, ya no llevábamos balón, pues el principal juego que se pretendía era las prendas o te atreves o responde, y la música…. Le daba por culo a los Chichos y al Antoñito Martín y poníamos música, posiblemente Umberto Tozzi, o los Pecos. Y la hora de vuelta a casa normalmente la ponía la madre de la niña mas tonta de la pandilla

Y ahora todo es mas diferente, atrás quedó el viajar incomodo y arrejuntado compartiendo asiento, y a su vez quedó fuera el llegar y el venir según los horarios de los trenes o el autobús. Ahora cuando vas, ni pones los Chichos, ni carnaval y ni siquiera pones la radio porque no la llevas. Solo hay un común denominador, las Canteras, hay sigue, inamovible al paso del tiempo y curiosamente aun me sigo perdiendo cuando busco la gruta de la Virgen.

Salud y libertad
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