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lunes, 9 de agosto de 2010

Los espectáculos taurinos en el siglo XXI


Reconozco que el mundo de los toros no es de mi agrado, no me gusta nada de nada, veo un acto impropio de una sociedad civilizada, un acto tan medieval que lo comparo a tener que soportar en la actualidad a un Rey como Jefe de Estado.

Yo creo que los espectáculos taurinos deberían de progresar en torno a la sociedad. Opino que esos espectáculos de gentes animando a matar un animal y pidiendo que una vez muerto le obsequien al toreador con una, dos orejas y hasta el rabo, es un espectáculo chabacano. Pero que mas chabacano es que empitonen a un toreador, llegando incluso a su muerte y sea motivo de exposición a cualquier hora, en cualquier revista, en cualquier televisión y a la vista de los que no nos gusta esos espectáculos dantescos.

Y aunque yo insisto que no me gusta esos espectáculos de matanzas a toros, puedo llegar a comprender que para algunos eso sea un espectáculo agradable de lucha, poder y de bravura. Y encima tras esto existe un importante bien económico, que es lo verdaderamente importante y no como lo quieren catalogar, bien cultural, y máxime cuando la cultura en esta nación ha importado muy poco.

Creo que debería de regularse más que prohibirse, en principio al ser un acto a donde pueden matar a una persona no verse en televisión pública alguna, solo en las privadas y con especificación de que pueden verse imágenes nada agradables a ojos de, sobre todo, menores de edad.

La entrada a estos espectáculos in situ limitarla a una edad propia. Prohibir a niños menores ser productos de empresarios para enriquecerse con el único y principal propósito de hacer de ese niño un toreador “famoso”. Y por supuesto al ser un espectáculo con un arma, cuya finalidad es matar, impedir que quien no tenga la mayoría de edad, pueda usar la espada para tal finalidad.

Y una vez regulada convenientemente, el que quiera ir a una plaza a ver como matan a un toro o poder presenciar como matan a una persona, que asista. Pero que no la muestren al resto de los ciudadanos que no quieren ver, y por mucho menos ser partícipe de algún modo de esos espectáculos de sangre y espada.

Salud y libertad.
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