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sábado, 10 de abril de 2010

2º reemplazo del 87, Periodo de instrucción en el CIM Cádiz

Fue un diez de abril cuando prácticamente me convertiría en un marinerito comprometido tras haber realizado la pertinente jura a la bandera, fue un día muy emotivo y que culminaría todo un mes de nuevas experiencias y de nuevos amigos.

Un mes antes, mientras viajaba en el tren junto a mi padre y mi abuelo en el corto trayecto que une Cádiz mi tierra natal, con La isla, mi ciudad donde ahora habito, dejaba atrás unos años, concretamente diecinueve sin hacer nada que yo no quería hacer. La mili llegó a mi vida y a pesar de todas las historias que se contaban en torno a ella, yo presto y valiente hasta allí llegué.

La teoría era la misma, ¡Tú no te destaques, no te ofrezcas voluntario para nada, y aléjate de los listos!

Tal como llegué al CIM, hoy cerrado, los marineros de guardia me mandaron hacia adentro, y solo me dijeron, sigue la marabunta, y allí iba yo con José Mari, un amigo que también venia en el tren. Llegué a donde estaba todos los peloncillos y me puse en una interminable cola a donde nos tomaban nota, para ubicarnos en los cuarteles y camaretas, hasta que al tiempo vi a mi amigo del cole José María “el rizo” y Selu “el lacio” que conocía de haberme tomado con el algunas botellas de moscatel el en club Olímpico, junto a ellos estaba mi querido Pedro Bueno, también de Cádiz y otros mas, a los que no conocía.

Total que yo al verlos, dejé la cola y me retrasé con ellos, que dicho sea de paso era la cola de la cola, los últimos del todo, tanto fue así que cuando terminamos y nos ubicamos en la habitación, ya había cerrado el comedor, y no teníamos nada que comer, y si mucho de hambre. Pero entonces el previsor de Pedro Bueno, al que ya había bautizado como Chano y como Chano se quedó hasta que juró bandera, sacó unas provisiones que sus padres, a los que les envío un beso y un abrazo, había acertado en meterle en la mochila que llevaba.

Ya por la mañana, nos pegarían la pelada, nos vacunarían y nos darían la ropa de faena, ropa que nos la daba en el hall de nuestro cuartelillo, y en la que ocurriría una de las coas que aun, nos reímos mi amigo Pedro y yo cuando lo recordamos.

Resulta que estábamos en la cola, el susodicho que se llama Pedro bueno Cruces y según su propia relato ….. “Mientras nos tenían en fila, en uno de los pasillos del sollao de marinería, esperando que acabaran las labores de limpieza para tomarnos los datos, nuestro amigo Paco, escuchó decirte al Sargento en voz en grito: ¡¡Que no cruces!! Y mi "simpático" amigo Paco se vuelve para mí y me dice, Pedro me parece que el Sargento te ha llamado, a lo que yo le contesté, ¿a mí?, si, si, dijo el, y yo le pregunté ¿que es lo que ha dicho concretamente? ¡¡Bueno Cruces!!. Pues nada, me fui para el Sargento y cuando me presente frente a él me pregunta ¿que quiere usted? y yo con todos mis cojones le digo, nada mi Sargento, que al parecer usted me ha llamado y aquí estoy. A renglón seguido me dice con voz enfurecida, ¡¡yo no he llamado a nadie!!, y los cojones míos de decirle, ¿como que no mi Sargento?, usted ha preguntado por Bueno Cruces y aquí estoy. A lo que el Sargento me responde: Yo he dicho ¡¡que no crucen!!.”

Otra de las cosas que mejor recuerdo era la caña que le dábamos al catalán que compartía camareta con nosotros, el pobre tuvo que lidiar con todas la gente de Cádiz y provincia, Santi Carda, que llegó a ser olímpico tenía en la mente librarse por no se que problemas y lo consiguió, lo dieron por inútil, aunque el jodio lleg
ara a ser un deportista de elite reconocido en el mundo el hockey catalán.

Pues a diario le cantábamos el pasodoble de la comparsa “Con gancho” que hacia referencia al buque “Elcano” y que decía que el barco era gaditano y no se iba a quedar en Barcelona, eso era como el himno oficial del rancho 10, hasta que un par de días antes de jurar bandera, nuestro querido catalán nos enseñó la carta en la que decía que no era útil para la armada, y que si para el deporte. Santi se curró mucho el librarse, y nos alegramos todos por él porqué era y supongo que será un tío de puta madre.

Total que llegó la jura y allí estábamos todos tras un mes, prácticamente de cachondeo, aunque estuviéramos mas de un día pateando el patio, y ese día diez cuando tiramos los lepantos al cielo, era el inicio de todo un año, en el que reitero no quería ir, pero de los que aprendí a valorar que un amigo elegido es mejor que un familiar impuesto. Y fue el inicio de tener aun en mi memoria muchas anécdotas, muchas situaciones buenas, las malas se olvidan y muchos amigos que tuve en el periodo de instrucción y posteriormente en los restos de los dias de mi vida militarizada.

Salud y libertad
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