Conoce mi blog

.- ¿No conoces este blog? Existen muchas cositas que te pueden interesar, para conocerlo y saber como se navega pincha "AQUI" y lee el artículo que lo explica

.-Para ir a la página inicial, pincha "AQUI"


........Y debajo de la última entrada, salvo que se hayan terminado, existen entradas mas antigüas

viernes, 23 de abril de 2010

Pilar Cano, La cabiria


No hace mucho la vi por la calle, acompañada supongo que por su hijo, iba tomando el sol por la Plaza de San Antonio.

Y fui cuando recordé mi niñez y su figura en mi barrio. No puedo decir nada malo pues quizás haya sido la mujer que mas he visto y oído defender a un niño en los que yo me encontraba, incluso sabiéndose burlada por nosotros mismo.

La recuerdo amparando a los niños de los vehículos resguardándolos en los interiores de las aceras, y la recuerdo peleándose con una tendera en mi barrio agria como ella sola con los niños, mientras que ella, Pilar, la cabiria, posiblemente embriagada de su propia vida, pero que no permitía que nadie menospreciara a un chiquillo.

La pausa de la vida me hizo olvidarla, hasta que un día encontré un escrito que le hacía referencia y me alegré muy mucho de ese documento, hasta que volviendo al inicio de este escrito, recuperé ese documento que estaba insertado en el foro mas gaditano del Cádiz mas mundial, y quise rendirle mi particular homenaje.

Pero quizás pensé que no era momento, que esa mujer tuvo una vida, vida cualquiera, la que le toco vivir y opiné que yo no era nadie para recordársela a nadie. Y quizás me confundí, a lo mejor que uno de sus niños le rindiera un escueto homenaje en un absurdo blog, hubiera sido genial para ella, aunque nunca lo hubiera leído. Y hoy me he dado cuenta que Pilar Cano tal como refleja en su esquela por su familia y sus amigos, dicen que tras ella también existe su seudónimo “la cabiria”, y subscribo yo que tras ella existía una señora de carta cabal.

El articulo que un día escribiera Ignacio Rivera al que hago mención es este, y solo pretendo que sirva a la memoria de una señora, que vivió quizás como no quiso, pero mostró ser una persona a la altura de las mejores.

A la Cabiria

(Elegía anticipada)

Era una joven pobre como muchas que se vino del pueblo por el hambre, que tenía la gracia a raudales y cantaba flamenco como nadie.

La recuerdo –desde el corazón la veo –trabajando en un hotel de la calle Argantonio, con su amiga, loca y alegre como ella, revolucionando al barrio con sus dichos y desplantes. Esta Clío desmemoriada, sorda Euterpe, Talía tartamuda, chuflona Melpóneme, Terpsícore coja, se quedó en Cabiria para siempre por su temperamento desgarrado, tremendista y vital que reflejaba el de la protagonista del filme que hacía furor por aquellos años y donde Fellinis demostraba toda la poesía que puede caber en el fango. Igual que su homónima de la película, la Cabiria repartía su gracia y sus favores sin esperar nada a cambio, porque si, como se da un mundo o una rosa cuando se tiene juventud y la sangre se enciende en primavera.

Una noche de luna lorquiana la había cogido llorona y se peleaba en la calle con su galán del momento reprochándole sus desdenes. Desde mi ventana, escuchaba embobado como la Cabiria, poeta nata e intuitiva, con su retórica violenta y trágica, se expresaba en octosílabos cabales y redondos, sin saberlo. Uno me puso los vellos de punta: “Yo monto un caballo amargo”. Lo transcribí plagiándoselo sin pudor en unas soleares que publiqué posteriormente (“para este camino largo –sin hijo, mujer ni amigo –yo monto un caballo amargo”).
Son innumerables las anécdotas, chistes, dimes y diretes que se podrían contar de la vida y milagros de esta mujer de bandera. Pero pasan las lunas, pasan las nubes, pasan los barcos, las mareas, el tiempo, las cosechas y a la Cabiria se le fue secando el manantial de la risa y la paciencia, de los sinsabores de la vida y el valdepeñas.

Últimamente la veía –y la seguía escuchando embobado –en unos parlamentos interminables subrayados con cortes de mangas, despotricando con su voz ronca y aguardentosa, el ojo chiguato mirando al este y el bueno al oeste, contra los guardias delante de la puerta del Ayuntamiento, contra la labor del alcalde, contra la política de Felipe González, contra la de Fraga y hasta contra don José María Pemán, que para todos tenía la Cabiria.

Ya ni eso. Ahora la veo, herida de muerte, con las piernas hinchadas como botas, llenas de pústulas, peleándose consigo misma en una retahíla muda e interior, ausente, tirada en una casapuerta, sola en la calle llamada Compañía como cruel del destino. Allí sigue día tras día. Y mientras los guardias persiguen a los reventadores de coches y similares para soltarlos al cuarto de hora, mientras el alcalde preside mil y un actos humanitarios y culturales, mientras Felipe veranea, Fraga pone tasa a los garbanzos y don José María descifra el sexo de los ángeles, la Cabiria, pobrecita mía, se esta muriendo gota a gota en medio de la calle ante la indiferencia de todos. Y no hay ninguna institución benéfica, ni religiosa ni de ninguna clase que se haga cargo de la desgraciada.

A mí, como a José Carlos de Luna con su Piyayo, me da pena y me causa un respeto imponente, porque era una joven pobre como muchas que se vino del pueblo por el hambre, que tenía la gracia a raudales y cantaba flamenco como nadie.

IGNACIO RIVERA


Salud y libertad
Publicar un comentario