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lunes, 6 de octubre de 2008

La unión hace la fuerza (1ª parte)


Vivíamos la jartá de tranquilos hasta que un día la vecina de arriba, una enfermera que vivía sola con un gato, pidió cambio de destino en su trabajo y se lo concedieron, por lo que puso su vivienda en venta.

Los nuevos, un matrimonio mayor con dos hijas de unos veintitantos eran los inquilinos y dueños. Después de ofrecerle mi ayuda, incluso de subir a su vivienda para intentar subsanarle en la medida de lo posible algunos problemillas de montaje de sus muebles, empezaron a venir algunos problemas de convivencia entre nosotros y ellos que después se llegaron a enmendar pues comprendieron que debían de convivir con el resto.

Ya no era lo mismo pues de no tener a nadie prácticamente durante todo el día, ya notábamos que no vivíamos solo, pero vamos había que acostumbrarse. Unos días notamos como se desmadraron, poniendo música a un excesivo volumen, chillidos fuera de lo normal, etc.… por lo que tuvimos que subir y dar la correspondiente queja. A partir de entonces todo volvió a su cauce, a sus molestias “normales” pero aun dentro de un orden. Es lo que quise decir de que llegaron a enmendar su actitud.

Pero de buenas a primera al tiempo comenzamos a notar peleas en el piso de arriba de forma continuada y oyendo mas gente de lo común, ponían a los chichos a todo volumen y a todas horas…. Otra vez tuvimos que subir, a lo que el hombre se metió para adentro y mandó a callar a toda la patulea de gente que se metieron en su casa.

Por lo visto una señora que había sido desahuciada de su casa en Cádiz, y a su vez hermana de uno de ellos se coló de “okupa” con sus tres hijos, una niñata que estaba todo el día peleándose con las primas y con sus tíos, un pibe que se llevaba todo el santo día con unas baquetas tocando el tambor y usaba el suelo como instrumento con su correspondiente por culo y una niña chica que no llevaban al colegio. (Hasta que un vecino denunció esa situación de no escolarización)

Ya eran innumerables las veces que teníamos que subir y llamarlos al orden, es verdad y todo hay que decirlo que al hombre, un rudo señor ya mayor, lo tomaban por sopa y no podía hacer nada, pero eso no era nuestro problema, nuestro problema era que desde que se levantaban a eso de las dos de la tarde hasta las tantas de la madrugada, como dice el tanguillo “…estaba el “sexto- a“ igual que una feria”.

Como esa feria que soportábamos no tenía ningún amago de erradicarse, teníamos dos opciones, o irnos nosotros o que se fueran ellos. Para saberlo tuvimos que indagar con la vecindad para ver si podíamos tener el apoyo necesario.

Y lo tuvimos, recogimos las firmas de la mayoría de los vecinos para llamarlos al orden, al igual que del bloque contiguo pero que compartimos patio y también sufrian sus molestias sonoras, se le comunicó via burofax que o cambiaban de actitud o la comunidad de propietarios los pondrían en mano de la justicia, pero que va, ellos seguían igual, no cambiaron ni a base de las amenazas de echarlos, quizás no se creyeron de la capacidad nuestra y de la unidad de todos los vecinos ante ellos.

A partir de ahí comenzó un ir y venir de la policía local a mi casa, que debo de decir que estuvieron siempre a la altura, venían directamente a mi casa a cada llamada que les hacíamos, entraban escuchaban el griterío, subían para informar que debían de deponer su actitud incívica, y realizaban el correspondiente informe al cual yo tenía acceso.

Continuará….
Segunda parte:
Tercera parte:
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