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sábado, 1 de diciembre de 2007

Mi abuelo Pepillo

En Septiembre de este año, se cumplió veinte años del fallecimiento de mi abuelo. ¡Joder! Parece que fue ayer. No quiero ni quería que esta efeméride fuera el motivo de comentar y escribir un poco sobre “Pepillo”, prefería decir sobre su vida, y no sobre su muerte, aunque resumirla en cuatro líneas, puede ser ardua tarea.

Nacido en el 1915 de familia cigarrera. Garboso y corto de estatura, de pelo duro y ondulado. Decía que en plena guerra de la cual se libró de participar, fue llamado para ir al paredón de los fusilados, un equivoco de los fascistas lo confundieron, logrando los presentes sacar de esa fila a José Rodríguez Ladrón de Guevara. Gracias a la intervención familiar, podemos hablar de el.

Comentaba que era familia de María Fernanda Ladrón de Guevara, madre de Carlos Larrañaga y abuela de Amparo del mismo apellido. Vivió en el barrio de Santa María. Como ya he dicho de familia cigarrera, su madre o sea mi bisabuela Paca, es el motivo principal de mi nombre, al que se le suma el José en honor a mis dos abuelos, Pepillo él y Pepa mi abuela a la que quiero mucho y todavía sigue al pie del cañón aunque sus ochenta y siete años les provoquen los achaques normales de la vida.

Mi abuelo trabajaba en la fabrica de tabacos, el fue el que me introdujo a mi en el mundo de las cofradías poniéndome el habito nazareno de la cofradía de las Cigarreras cuando no levantaba un palmo del suelo. Así también recuerdo irme con el a ver esta Cofradía pues mi abuela era asidua del Cristo de la Salud y solía acompañarlo en penitencia.

Mi abuelo a parte de la fábrica también se buscaba la vida en otros menesteres. Era pajarero, le echaba un cable a Joaquín Montañés en la pajarería que este tenía en la calle Libertad de Cádiz, exactamente la que estaba entre el Arco de Garaicoechea y la Calle Desamparados. Allí se le podía ver por las tardes y los sábados por la mañana, antes de jubilarse, cuando se jubiló era perenne su estancia allí. En otras ocasiones los sábados ayudaba al “perales” un curioso industrial de Cádiz que vendía sus productos en la zona del Mercado. Mi abuelo era un busca vida y solo hay que saber de su currículum para confirmarlo.

Mi abuelo solía vestir de negro, no lo recuerdo con otra vestimenta, el fallecimiento de un hijo suyo, mi Tío Ángel y a su vez mi Padrino cuando este tenía un cuarto de siglo, hizo que tomara esta determinación

Con el fui a Las Palmas dos veces, la primera en el año 1973, (la primera fotografía es bajando del avión en el Aeropuerto de San Pablo, Sevilla) y en el año 1982. En ambas ocasiones fui en la época de verano, desde final de Junio hasta principios de Septiembre. El primer año recuerdo yo tenía siete añitos, que me llevaba todo el santo día cantando temas de carnaval y contando chistes a mis amiguitos que hice, independientemente de ir de "colaera" todos los días a unas clases de natación, junto a las sobrinas de mi Tía Pepi, katina y Maria José. En un colegio que se llama León y Castillo.

En el año ochenta y dos, fue la última vez que fui con el a esta maravillosa Isla. Recuerdo que por entonces yo cumpliría los quince agostos, mi tía que es lo mismo que decir mi madrina, es la hermana pequeña del Parry de Cádiz, me daba los cigarritos "güinston", y yo me los fumaba mientras veía el mundial de fútbol, pero el jodío de mi abuelo me quitó la vez. Cuando me vio cojió un rebote de mil cojones, que tuve que volver a irme a la calle a fumarme los cigarros o al cuarto de aseos. ¡Abuelo, allá donde estés, ya no fumo! Llevo para tres años sin probar calada.

Pero de esa época una cosa que recuerdo y que seguro que mi prima Pepi no sabe es esto que voy a contar.

Resulta que mi prima que por aquellos no tendría mas de ocho años, le regaló a mi abuelo una de estas gomillas elásticas de color marrón, pero era de las gruesas y planas. Aun lo recuerdo en el salón, se lo puso….. Cinco años después en el septiembre del ochenta y siete mí abuelo fue enterrado con esa gomilla aun puesta en su muñeca.

De sus últimos momentos voy a contar dos cositas. En el mes de mayo de ese año yo me encontraba en Vigo haciendo la mili, pues resulta que por teléfono me dice mi padre que mi abuelo está casi en las últimas. En ese cuartel era cosa normal que de los que hacían los cursos un grupo siempre se quedaba de agregado y no disfrutaban del mes de permiso extraordinario que daban, en principio eran los suspendidos, y si no los había los que peores notas sacaban eran suspendidos sistemáticamente. Pues yo ante eso, y sabiendo que tenía que ir para Cádiz me empecé a mover por allí y buscar mis bujios. Me enteré que había un teniente que conocía mi Tío el gallego. El me habló que sabía que había un teniente que se apellidaba Butragueño, y ante ese nombre que era fácil de recordar por el jugador del Madrid, presto me fui para el profesor un sargento electricista y le dije que yo conocía al teniente y que me dijo que se lo dijera para que “me echara un cable” Lo que yo no sabía que este también conocía a este Teniente. Y me llamó, yo no sabía a donde meterme, y le dije que mi tío Luís me dijo que hablara con el, pero tergiversé el tema en el ámbito de la amistad de ellos, que me dijo que si tenía algún problema que lo avisara, pero de aprobarme por la cara ni mijita.

Pero al final del curso el sargento me llamó y me dijo que no me preocupara que recordaba que yo era amigo del Butragueño y sacase la nota que sacase me iría para Cádiz. Por lo visto este no llegó a comentarle mas nada.

Y el fatídico día estaba de guardia en el barco, estaba formado en la cubierta serían las nueve de la noche. Suena el teléfono del cuerpo de guardia y como si supiese que era para mi miré directamente al marinero, y me dijo. Paisano, es para ti, me duché llegue a la habitación y a los diez minutos falleció.

Yo he tenido la suerte de vivir junto a mis abuelos, mi abuela aun sigue como ya he dicho y mis hijos pueden decir que tienen bisabuela. Los abuelos es algo tan maravilloso que nadie debería de no tenerlos, yo creo que los niños deberían de tener obligado por ley a tener en su niñez a algunos de ellos.

Pepillo estés en donde estés. Me enorgullezco de haberte tenido como abuelo y de recordarte como eras. Te quiero.

Salud y Libertad

8 comentarios:

Raùl Junquera dijo...

Yo tambien estoy orgulloso de haberlo conocio, era un tio, mejor dicho un aguelo del carajo... pero estes donde estes te voy a contà algo y que quede entre nosotros, el de las mil pesetas fue el PACO.

Què bonito ta quedao PACO este recuerdo...

Anónimo dijo...

Muchas gracias por revivir estos recuerdos tan bonitos para mí.
Siempre eché de menos tener a mis abuelos conmigo pero reconozco que el poco tiempo que pude compartir fue maravilloso.
Un beso muy grande

Josefa Llinares Rodriguez

Paco Rodríguez dijo...

Fijaros los dos, que para ambos era vuestro abuelo. Tanto Raul como su hermana Loli, le llamaban abuelo. Y tu prima, a ti que te voy a decir. Recibid todos de mi parte un beso.

Ana dijo...

Muy emotivo rememorar así al abuelo
Mis hijos sí que conocen a los 4 abuelos. Y nosotros convivimos con mis suegros, y con un tío mayor, así que tambien es un tío-abuelo.
Sí que es verdad, que siempre se guarda buenos recuerdos de ellos, a mí por desgracia no me viven ninguno de ellos, pero conocí a mis abuelos maternos.
Y Gracias Paco, por el comentario que me has dejado, me ha gustado mucho.Me encanta visitarte tambien.
Un saludo.

Manuel Rubiales dijo...

No hay cariño más grande que aquel que encierra el corazón de un niño. Crece con él y perdura para siempre.
Un abrazo.

Paco Rodríguez dijo...

Ana, los recuerdos es la verdad mas abstracta que tenemos las personas, y por ello no se pueden ni deben olvidar.

Manolo, los niños y los borrachos dicen que siempre dicen la verdad. Te doy mi palabra de honor, que hace tiempo que me no me hablo con la destilería Dyc. asi queeeeeee

Angel Rodriguez dijo...

yo tambien tuve la suerte de tener el mismo abuelo que paco,aunque solo estuvo 11 años a mi verita, lo aproveché de lo lindo. abuelo donde quieras que estes que sepa que te seguiré queriendo con todo mi alma.

Angel Rodriguez dijo...

Estando yo jugando fuera de la Asociación de vecinos San Juan,solo pues mis padres aún no habían llegado.Salió un socio y me dijo Angel,ponte al telefono que es tu madre. No me dijo nada de la muerte de mi abuelo en ese momento,solo me dijo,corre ve a Casa de Angeles Pereira y dile que vaya corriendo a casa y limpie por encima la casa y le quite el polvo al televisor. ( Todavía lo recuerdo como si fuese ayer ) Y del tirón se me vino a mi cabeza que mi abuelo había muerto y me llevé todo el camino hasta la calle Patrocinio,corriendo y llorando como un niño chico.Por lo visto pensaban de velarlo en casa y al final no fué así.