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sábado, 9 de agosto de 2008

Disciplina de mesa y mantel. I


Yo siempre me he buscado la vida para sacarme unos durillos y aun siendo un aprendiz de jardinero, ya empecé a dedicarme particularmente a esos menesteres para sacarme unos cuartos. Uno de esos trabajos era para una comunidad de propietarios en la Avenida de Cádiz, con unos parterres en plena acera de césped, unos palmeritas y poco mas. Yo solo iba a segarlo, regarlo y algún que otro mantenimiento, cobraba mensualmente y tan contentos, de esto puede hacer más o menos dieciocho años.

Un día no pude acceder al cuartito a donde se guardaban los aperos de jardinería pues la llave del cuarto de herramientas no estaban en su lugar de origen, a lo que llamé a la presidenta por el telefonillo y esta me dijo.- La tiene Manuel el del, digamos, segundo C. Llamé al segundo C me respondió Manuel un hombre mayor al que yo ya conocía y nos saludábamos con cordialidad con unas buenas tardes y o un simple hasta luego, y dije:

- ¿Manuel?
- ¡Si!, me respondió.
- Soy Paco el jardinero, que me han dicho que usted cogió las llaves del cuarto de las herramientas y las necesito para entrar.
- Las tiene el de la tienda de ultramarinos de al lado, pídeselas de mi parte.
- Vale gracias, le dije.
- ¡Oye!, alzando la voz me dice y prosigue, Jardinero….
- Dígame, le respondo
- ¿yo he comido contigo?
Yo me quedo perplejo, pues no se por donde van los tiros me vuelve a decir.
- Que si yo no me he sentado a comer contigo, que no se te olvide, para ti soy Don Manuel……

Me tocó los cojones, me puse "colorao" como un tomate y me di la vuelta para el telefonillo y solo le dije, que si quería que le llamaran de Don, lo menos que tenía que hacer es llamar por su nombre a las personas y que por supuesto no le iba a llamar de Don, porque no me daba la gana, porque ni sabía quien era, ni era ni me interesaba, mientras el como un energúmeno me amenazaba diciéndome que no sabía con quien me la estaba jugando y otras barbaridades.

Sin responderle y dejándole con la palabra en la boca me fui para la tienda pedí la llave comenté lo que me había ocurrido y me dijo el dueño de esa tienda que como ese había algunos en el bloque, y que ese particularmente era un militar de alta graduación ya retirado del acuartelamiento que había allí al lado. Hice mi trabajo ese día y luego llamé a la presidenta y le dije que me preparara la cuenta, que yo no tenía que soportar pamplinas de un facha asqueroso que seguramente ahora estará a la derecha de su amo en el valle de los caídos, por que a mi nadie de esa comunidad me tenía que recriminar nada que no fuera relacionado con lo que era mi trabajo.

La señora me dijo que es lo mejor que podía hacer, pues seguramente el desplante que le había echo yo a ese Manuel con el don de la rima de cabrón, iba a conllevar carros y carretas en la relación tripartita, jardinero, comunidad y ese tiparraco.

Cobré lo que me pertenecía, y allí se quedó er manué seguramente despotricando del país, de la falta de disciplina castrense y de la madre que pariría al jardinero. Mientras tanto yo seguí mi trabajo en mis jardines de Varela que era a donde estaba destinado por aquel entonces y más ancho que pancho y sin más penas que glorias.

Salud y libertad
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